Astrid Varnay

Hace algunos años, cuando ya conocía la magnífica voz de Astrid Varnay, tuve la suerte de encontrar una grabación de su debut como cantante wagneriana. La historia es una muestra de cómo el azar puede cambiar nuestras vidas.

El sábado 6 de diciembre de 1941, en el Metropolitan Opera House (el Met) se representaba La Walquiria, con Lotte Lehmann en el papel de Sieglinde y Helen Traubel en el de Brunhilda. Horas antes de la representación la Sra. Lehmann enfermó con un fuerte resfriado. No había tiempo de encontrar una sustituta; tampoco se podía cancelar la función. No quedó otro remedio que echar mano de una joven desconocida, con tan sólo veintitrés años, que conocía el papel pero nunca había cantado en un escenario: Astrid Maria Varnay.

La actuación fue apoteósica. En el diálogo del segundo acto, entre Sieglinde y Brunhilda, Varnay anuló a Traubel. Escucharla, que no oirla, en el primer acto, con todo el impulso de su juventud y unas facultades vocales fuera de serie, hace estremecer las fibras más íntimas del corazón, y el largo duo del segundo acto muestra la gran artista que ya era por enonces. Años más tarde cantaría en Bayreuth el papel de Brunhilda desde 1951, siendo calificada por un director tan exigente y maniático como Hans Knappertsbusch, de «la inalcalzable». La grabación de la Tetralogía de los Festivales del año 1956 es la mejor muestra del acierto del calificativo.

Ante tal tesitura Helen Traubel, que aspiraba a suceder a la mítica Kirsten Flagstad —peleada con el Met pero que aún habría de cantar hasta los primeros años de la década de los cincuenta— se dio cuenta de que no era ella la llamada a suceder a la legendaria noruega, sino aquella desconocida, impresionante, magnífica chica de veintitres años. Tan claro lo tuvo que dejó sobre la mesa del director del Met una carta renunciando a sus futuras actuaciones como Brunhilda. En ella decía más o menos «si quieren una Brunhilda, ya la tienen: Astrid Varnay.» Y así fue. Ocho días más tarde Astrid Maria Varnay debutó en ese papel con éxito apabullante.

Una enfermedad inesperada hace descubrir un nuevo talento. ¿Qué hubiera pasado si Lotte Lehmann no se hubiera resfriado? ¿Qué había llevado a Astrid Varnay a estudiar todo el repertorio wagnriano a partir de los diecinueve años? Aunque su debut estaba previsto con otro papel en el mes de enero, la fortuna jugó a su favor. Si Flagstad es la reina de las Isoldas, Varnay lo es de las Brunhildas.